NUESTRA HISTORIA

De Nuestra Casa a su Casa desde 1995

Para mi familia, la cocina y la comida ocupan un lugar esencial; recetas que pasan de una generación a la que sigue, pláticas íntimas alrededor de una taza de café turco, hijos desvelados que llegaban a buscar hojas de parra o kipes en el refrigerador.

Lógico entonces, que todo empezara en nuestra propia cocina. Cuando mis hijas se casaron y mis hijos estaban iniciando su carrera profesional, decidí que era momento de ocuparme en algo, improvisé entonces, una receta para hacer nueces garapiñadas. Hacía pequeñas bolsitas de 250 gramos, se las vendía a mi prima y ella las vendía por su lado.

Nuestras nueces fueron exitosas desde el principio, el sabor era realmente bueno, aunado a que mi esposo, gran ingeniero textil resultó ser mejor “dulcero” y un brillante hombre de negocios por lo que en cuestión de 6 meses pasamos de hacer bolsitas de 250 gramos a producir media tonelada, ahí supimos que había que dar el siguiente paso.

Cuando los pedidos eran continuos y constantes nos dimos cuenta de la oportunidad que teníamos enfrente. Mi esposo fue a una de las tiendas departamentales más importantes en México y probó absolutamente todas las nueces que vendían ahí, con toda honestidad nuestro producto era mejor aunque también costaba el doble, aun así pidió una cita, un mes después nos recibieron. Era tal la confianza en nuestras nueces que las dejamos a consignación, “si no se venden me las devuelve”, dijo mi esposo.

Ese día comenzó uno de esos problemas que todos quisiéramos tener – nos pidieron media tonelada con tiempo de entrega de seis meses. El equipo que teníamos no daba el ancho para producir tal cantidad, por lo que a partir de ese día industrializamos la cocina y otras habitaciones de la casa, compramos estufas, ollas, tanques de gas, contratamos a un par de personas para que nos ayudaran, materialmente aquéllo se transformó en un sitio de producción. En días que soplaba el viento, el aroma a dulcería que emanaba de nuestra cocina viajaba por toda la cuadra.

Toda la familia, ¡hasta el perro!, participó en un proceso de cooperación, aprendizaje, prueba y error en el que se nos quemaron las nueces, el azúcar, y las manos. Romy, nuestro pastor alemán, fue mi compañero y catador oficial durante esas tardes en las que perfeccionaba el método del garapiñado, cuando las nueces se apelmazaban y ya no se podían utilizar, yo se las lanzaba y el golosamente las recibió hasta quedar chimuelo.

Pasados los seis meses, entregamos lo prometido.

Tanto mi suegra como mi abuela hacían unas almendras horneadas exquisitas, decidimos intentarlo para seguir creciendo y agregamos la línea salada. Continuamos con experimentos que nos permitieron encontrar procesos óptimos para lograr la calidad, el sabor y la textura que nuestros productos tienen al día de hoy. Uno de estos ensayos fue cuando compramos una máquina tostadora de café a la que le metimos almendra y nuez, pero fue un tremendo y desagradable desastre que escurría grasa por todos lados; entonces mi esposo, ingeniero al fin y al cabo, bajo el mismo principio de la tostadora de café, diseñó una máquina a la medida, y después de numerosas pruebas y un par de hornos que iban y venían de Jalapa, se logró el objetivo: un horno en el cual las nueces se cuecen al tiempo que su aceite natural se “pierde”, por lo que gracias a esto todas nuestras nueces son reducidas en grasa, nunca fritas, siempre horneadas a la perfección.

Con hornos industriales, mis 4 hijos y sus amigos empacando, embolsando, pesando, sellando y Romy perdiendo dientes, era necesario salir de casa. Una vez establecidos, obtuvimos el sello Kosher, no solo para llegar a la comunidad judía sino también a los consumidores que buscan los niveles estrictos de calidad que exige la certificación rabínica.

Casi dos décadas después, gracias a la preferencia de nuestros clientes y a la calidad que brindamos, hemos diversificado nuestra oferta para llevar a ustedes una gran variedad de botanas saludables y gourmet, con el sabor que solo el sazón de hogar ofrece.

Un negocio cien por ciento familiar, orgullosamente nos ponemos a sus órdenes,

Pola y David.